Estoy segura que la felicidad; como la han estado pintando desde los cuentos de hadas de hace más de un siglo, hasta las charlas de superación de hoy en día; no existe como tal. Se ha definido la felicidad como vivir permanentemente sin ningún tipo de problemas; con una sonrisa incesante en los labios; sin que te enfade nada de lo que pueda pasarte; sin que haya antipatía o maldad a tu alrededor, o incluso partiendo de uno mismo; que tengas la capacidad de bloquear cualquier cosa, persona o situación que te haga daño con sólo concentrarte; y que no se asome ni un dejo de tristeza por los lados del corazón en ningún momento… eso, eso es imposible por donde lo quieras ver. Sucede que si de verdad se tratara de eso, la felicidad no existiera.
La vida está tan llena de distintas emociones, de sentimientos encontrados, de instantes y de eternidades, de calmas y de angustias, de reencuentros y despedidas; de intensidad y de apatía; de lo más bonito y también de lo peor… Hace muchos años escuché que la realidad no puede cambiarse, que sólo podemos cambiar la manera en la que la vemos. Algo de cierto hay en eso, ya que nuestra percepción de las cosas nos aleja o nos acerca de lo que queremos alcanzar o escondernos… ¿ Y entonces? ¿existe la felicidad?… yo estoy segura que si, pero la defino de otro modo. Como yo la quiero, como a ratitos la tengo. Para mi la felicidad es fundamentalmente sentirse lleno de paz. No tenerlo todo sino necesitar muy poquito. Se trata también de soñar sin límite, de tener planes. No sufrir por lo que no esté en tus manos aliviar, ni preocuparte por lo que simplemente no puedes resolver.
Definitivamente no es llevar la sonrisa peremne en los labios, sino en el corazón. Es cerrar los ojos un instante y sentirte bien con todo lo que llevas por dentro. Es disfrutar de las cosas más sencillas. Es amar con todo el corazón, así no te amen igual. Es entender la verdadera importancia de las cosas, que suele ser lo que de ellas no se ve. Es perdonar y pasar la página sin lamentaciones ni reproches. Es agradecer a Dios todo lo hermoso que pasa cada día que vives y poner tu vida en sus manos para que cada vez seas mejor persona. Es ayudar siempre que puedas. Es tener el valor para tomar las desiciones más difíciles, y aún con todo el dolor, no dudar que hiciste lo correcto. Es cometer errores y hacer todo el esfuerzo para no repetirlos, así no lo logres. Es acostarse a dormir sientiendo que todo lo tienes al día y no lamentar el pasado, siempre tratando de que lo que no te trajo tranquilidad, no reviva nunca más.










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