En ésta oportunidad vuelvo a compartir con ustedes algo que leí hace un par de días. No podría decirles que es hermoso, porque tristemente no lo es. Sin embargo, es un texto que puede conmoverte y ponerte a pensar en lo que realmente es importante y hermoso en navidad. Lo subo al blog, aprovechando que está por venir la Nochebuena y que quizás después de leer esto, ojalá así sea, pueda cambiar un poquito tu manera de vivir tan especial celebración.
Lo que soñó La Virgen María una noche cualquiera…
“… José, anoche tuve un sueño muy extraño, como una pesadilla. La verdad es que no lo entiendo. Se trataba de la fiesta de cumpleaños de nuestro Hijito.
La familia se había estado preparando por semanas decorando su casa. Se apresuraban de tienda en tienda comprando toda clase de regalos. Parecía que toda la ciudad estaba en en lo mismo porque todas las tiendas estaban abarrotadas. Pero algo me extrañó mucho: ninguno de los regalos era para Jesusito. Los habían envuelto en papeles lindísimos y les pusieron cintas y lazos muy bellos. Entonces los colocaron bajo un árbol. Sí, un árbol, José, ahí mismo dentro de su casa. Éste último estaba hermosamente decorado, las ramas estaban llenas de bolas de colores y adornos muy brillantes. Había una figura en el tope del árbol. Parecía un angelito. Estaba precioso.
Por fin, cuando llegó el día del cumpleaños de nuestro Hijo, todos reían y parecían estar muy felices, pero con los regalos que daban y recibían. Lo extraño José, es que no tenían ninguno para Jesús. Es más, yo creo que ni siquiera lo conocían. En ningún momento mencionaron su nombre. ¿No te parece raro José, que la gente pase tanto trabajo para celebrar el cumpleaños de alguien que no les importa o que no saben si ni siquiera existe? Me parecía que Jesús se habría sentido como un intruso si hubiera asistido a su propia fiesta. Todo estaba precioso José y a todo el mundo se le veía tan feliz, pero todo se quedó en las apariencias, en el gusto por los regalos recibidos. Me dieron muchas ganas de llorar al notar que esa familia no conocía a Jesús, que no celebraba su nacimiento… ¡Qué tristeza tan grande para nuestro Hijito, no haber sido invitado a Su propio cumpleaños!
Menos mal que ya desperté José, estoy tan contenta de que todo fuera sólo un sueño. ¡Qué terrible sería si eso que soñé se hiciera realidad!…”
Se cuenta que San Pedro, muy preocupado al notar la presencia de algunas almas a las cuales no recordaba haberlas hecho pasar al cielo, se puso a investigar cuidadosamente por todos los rinconcitos del cielo, hasta que encontró el lugar por donde entraban.
P.D. Cómo si no fueran suficientes las razones para regalarle a la Virgencita un Rosario cada día…









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