Nunca me ha gustado el tango. Lo sé. Seguro soy la única en esta parte del hemisferio a la que no le deleita escuchar a Gardel. Pero cuando me invitaron a ver El día que me quieras, acepté más por la compañía, que por un real interés. No sabía que era de Cabrujas sino hasta un par de días más tarde. Ahí si me entusiasmé. No ha habido línea escrita por nuestro ilustre José Ignacio que fuera solo tinta sobre papel.
El escenario completamente encantador, era fácil identificar allí a esa Caracas de los 30, dónde las novedades no eran tantas y donde la ingenuidad todavía era parte del venezolano común de la época. Los dialógos, maravillosos. No había frase que no quisiera que se me grabara en la memoria para no olvidarla jamás.
El montaje del Grupo Actoral 80 fue sencillamente impecable. Las actuaciones fueron todas maravillosas. María Cristina Lozada, Martha Estrada, Iván Tamayo, Eulalia Siso, Héctor Manrique, Basilio Álvarez y Juan Carlos Ogando lograron llegar al corazón, a la reflexíon, al sentimiento, al costumbrismo y a la risa de una manera tan inteligente y tan bien interpretada, que la volvería a ver una y mil veces, sin pestañear. ¿Mis favoritos? no puedo decir quienes, porque todos los que vi sobre esas tablas fueron actuaciones sencillamente inolvidables.No hubo personaje que sobrara, ni actor que lo hiciera medianamente bien o incluso regular. Todos actuaron de manera franca, natural, sencilla, veraz, irrepetible. Cada historia que contaba cada uno de ellos fue creíble, auténtica. Que actorazos tenemos en este país. Venezuela es un país de grandes, enormes, gigantescos talentos. Bendito sea Dios.









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