
¿Qué hace que una decisión sea la correcta?… ¿Las razones por las que se tomó, o las consecuencias que trajo?… Aquí se retoma el enigma de que fue primero, si el huevo o la gallina. Porque desde que el mundo es mundo siempre ha habido algo que lo mueve a uno a tomar una decisión a cada segundo, o se forma parte de un grupo o se forma parte de otro, nunca de ninguno, mucho menos de ambos. O te gusta Mac o te gusta PC, o eres Magallanero o eres Caraquista, o prefieres más el fútbol que el beísbol, o te casas o sigues soltero, o te encanta la montaña en vez de la playa, o aceptas la propuesta de trabajo o te quedas en el que estás, o te vas de viaje a Madrid o te vas a Atenas, o eres de los Yankees o eres de los Mets, o te mudas de casa o remodelas en la que vives… siempre hay decisión en cada cosa que haces, dices, piensas, escojes… y aún así, una vez que caes en cuenta que alguien más está esperando que tu decidas que hacer para actuar en consecuencia, la presión se agiganta solo por no poder adivinar a ciencia cierta que ocurrirá después.
¿Y entonces? porqué hay decisiones que obviamente no se pueden basar en sólo afinidades o simpatías, que necesitan de la mente pero también del instinto, del sentido común. Les voy a contar lo que a mi me ha funcionado siempre; la verdad es que siempre he creído que Dios te habla a través del corazón, y es ahí donde radica el truquito. La confusión viene cuando uno, se las da de sabiondo y antepone a ésta vocesita, la voz propia del anhelo. Y entonces resulta que lo que creímos que era lo mejor resulta siendo lo más parecido a una pesadilla y uno sin entender termina haciendo reproches sin son ni ton, y que no tienen nada que ver con lo que en realidad pasó. Te desgastas, lo lamentas, pero la decisión para bien o para mal, a esas alturas ya no tiene marcha atrás.
No debemos olvidar que el único que sabe lo que nos conviene es Dios, y si confiamos en Él siempre nos llegarán las cosas en el momento justo, sino para hacernos felices, para enseñarnos algunas lecciones importantes (y eso también es bueno y valioso). Los católicos no creemos en las casualidades. Para mi, en lo personal, la mejor decisión es la que uno toma y de la que no te arrepientes a la mañana siguiente. Está claro que no todas se pueden tomar con calma, no siempre se cuenta con el tiempo necesario para pensar, o para escuchar claramente esa vocesita que viene de tu interior… y aún así, si no te arrepientes al despertar al otro día de lo que dijiste, de lo que escojiste, del paso que diste… entonces es seguro que tomaste la decisión que más te convenía. La que no trae consigo ni aclaraciones, ni conflictos. Simplemente la mejor decisión.










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